Las Crónicas de las Cruzadas Abreviadas, o resumidas, relatan los hechos de los caballeros “Cruzados” que durante la Primera Cruzada, a finales del siglo XI, conquistaron Jerusalén y otras muchas tierras arrebatadas a los selyúcidas. Entre otros muchos acontecimientos históricos, narra la conquista de la Ciudad Santa y la historia del reino de Jerusalén hasta su caída, así como una breve biografía de sus gobernantes, caballeros y otros personajes importantes de la corte. Este extracto de unos hechos tan relevantes para la historia nos invita a pensar que su autor conocía perfectamente toda su historia, y que el manuscrito se utilizaba como breve apunte o recordatorio. También se adivina una intención política o propagandística, dado el interés del propietario por una nueva cruzada.
Debido al avance islámico contra la cristiandad desde 1358, con la toma de Gallípoli, hasta 1453 con la caída de Constantinopla, esta contra-cruzada por parte de los musulmanes no escapaba a los ojos de los reyes cristianos. El propio Duque de Borgoña Juan sin Miedo fue hecho prisionero durante una cruzada que fracasó en Nicópolis. El recuerdo de su padre hizo abrigar a Felipe el Bueno la idea de una nueva cruzada para rescatar Constantinopla. Es muy famoso su discurso durante un banquete en Lille, llamado “Juramento sobre el faisán”, en el que se compromete personalmente a tomar parte en esa cruzada. La idea tuvo una buena acogida por parte del papa Pio II (Eneas Silvio Picolomini) pero éste murió en Ancona (1464) y el proyecto se malogró.
El manuscrito, realizado en el taller de David Aubert hacia 1455, por orden del Duque de Borgoña, está escrito en letra minúscula bastarda borgoñona, y decorado con iniciales de oro, borduras y miniaturas que describen batallas y sitios de ciudades. Su extraño formato alargado y apaisado explica su propia razón de ser, pues aparte de una crónica, es una genealogía. Las genealogías se escribían sobre un pergamino que se pudiese enrollar y, en efecto, en un inventario de la corte de Borgoña realizado al morir Felipe el Bueno (1467), el asiento relativo a este manuscrito dice:
“tournant en manière de rôle”. Cuando se decidió cortar para su encuadernación en forma de códice, lógicamente el texto escrito en columnas no sigue en la columna siguiente. Todo ello queda perfectamente desenredado en el Libro de Estudios, ya que se ha transcrito, traducido y comentado.